¿Para qué viene el Apalpador?

Si queremos mejorar nuestras relaciones, tomando el camino de la autenticidad, hace falta entender el significado de nuestras propuestas simbólicas.

Decía Bruno Bettelheim que la herencia cultural, cuando se transmite adecuadamente, puede resultar un factor esencial en el proceso de formación de la identidad personal¹. La información contenida en la literatura y en la mitología escogida para la infancia puede jugar un importante papel en la búsqueda de un sentido para la propia existencia.

Es importante observar la función simbólica que el mito nos ofrece, pues la fuerza de su mensaje tiene la capacidad de mantenerse, a pesar del paso del tiempo y de los acontecimientos. Permanecerá, incluso después de la desaparición de los paisajes y lugares que evoca, manteniendo presente su simbología profunda.

Los viejos mitos y cuentos tradicionales de los que más gustan las niñas y los niños, están cargados de significados que ayudan a la comprensión de sus problemas internos y brindan soluciones a las dificultades que encuentran en la vida real. Si algo nos muestran estas historias es la idea de que la mudanza, el cambio constante, es un elemento inherente al mundo que habitamos, y que la transformación es posible. Así, los cuentos de hadas parten, como las metáforas terapéuticas del modelo ericksoniano, de una consciencia de la insatisfacción, de una carencia o de una dificultad que marca el comienzo de la partida hacia el propio sentido existencial.

La transmisión de este acervo, de manera oral, permite la creación de una imagen interior, única y personal, de personajes y acontecimientos. Esta imagen es propia y no está definida desde fuera, ni se asemeja a una representación determinada y exclusiva de los personajes, como ocurre en las reproducidas por Disney y otros revisadores de héroes y malvados.

Si queremos tomar el camino de la autenticidad en nuestras relaciones, hace falta que entendamos lo que significa proponer a nuestras pequeñas la llegada periódica de los personajes tradicionales.

 

¿Qué nos trae el Apalpador?

Nuestro apalpa-barrigas* es un viejo carbonero que habita en la montaña. Su resistencia al desgaste del tiempo es una prueba de autenticidad. Su ancianidad reviste un carácter sagrado. Si para algunos analistas la vejez sugiere la infancia, la edad primera de la persona, la fuente del río de la vida, para el análisis simbólico el anciano es lo que persiste, lo que participa de lo eterno. Influye en el psiquismo como un elemento estabilizador y como una presencia del más allá.

En los viejos cuentos de hadas e incluso en algunos relatos contemporáneos, el encuentro o la aparición del personaje anciano representa una oportunidad. Por lo general, acompaña y aconseja al personaje protagonista, ofreciéndole tal vez un regalo, pequeño en apariencia, sin valor para aquellos que no saben ver, mas esencial en el propio camino de búsqueda. Estos objetos son siempre medios de apariencia insignificante que un ser insignificante entrega a otro, con el poder de ayudarle a avanzar en la búsqueda de su identidad².

El Apalpador escoge para llegar el solsticio de invierno, la puerta que nos introduce en la fase luminosa y ascendente del ciclo anual. Esta festividad ancestral marca el resurgir del sol en el momento en que comienza su crecimiento, señalando el tiempo favorable para la fecundación, para la creación.

El Pandigueiro viene por la noche: el momento justo en el que en la concepción céltica del tiempo da comienzo la jornada, así como es en invierno cuando comienza el año. Más allá de ser el tiempo del sueño -el mar donde el inconsciente se sumerge y nada libre- la noche simboliza el tiempo de la gestación del que habrá de surgir el día. La noche posee todas las capacidades de la existencia. Presenta, como símbolo, una doble faz: la de las tinieblas donde fermenta el porvenir, y la preparación activa del nuevo día, cuando ha de surgir la luz.

Nuestro carbonero conoce y habita la montaña, entendida en los mitos como símbolo del nivel de conocimiento. Bajará hasta la parte inferior, que representa el deseo de consciencia. Lo que sucede aquí se entiende como una maduración de la consciencia. Y de la montaña son sus presentes:

El carbón, símbolo del fuego escondido, de la energía oculta, es fuerza del sol enterrada en el seno de la tierra, y representa una fuerza contenida – material o espiritual- que calienta y alumbra sin llama. Su condición fría y negra señala las potencialidades de una vida apagada que para revelarse precisa del contacto con el fuego, pues no puede encenderse por sí misma.

La castaña, símbolo tradicional de la provisión, por servir de alimento en invierno, es el fruto básico del monte gallego. En nuestro acervo cultural simboliza la vida que combate a la muerte³, y se relaciona con el fuego de los magostos, celebración que marca el cierre del ciclo solar.

El personaje del viejito carbonero tiene su origen en una época en que el invierno era bastante más duro que ahora,  cuando las posibilidades de supervivencia eran inciertas y dependientes de un trabajo continuado. Por eso, la de la noche del solsticio no puede ser una espera inactiva. Conformarse significa desaparecer, quedar congeladas, apagadas antes de la llegada de la luz que nos trae el nuevo ciclo. La ilusión por la visita del Apalpador es la ilusión por el año que comienza, por un tiempo nuevo para la creación, mas sobre todo es la oportunidad de aceptarnos profunda y totalmente. Esto implica un esfuerzo consciente para conocernos y para mantener viva la llama de la transformación.

El Apalpador, lejos de ser mostrado apenas como una alternativa frente a otras figuras, como la del viejito Nicolás, puede ser el portador de un presente para el resurgimiento, de un germen para el cambio. Su retorno anual, un recuerdo de la vida que comienza continuamente, del cambio constante propio de todo ser vivo.

Cambiar las relaciones sigue siendo condición para la transformación. Es la aceptación, de una misma y de las otras, el elemento que garantiza la libertad para la propia exploración. Si somos capaces, junto con nuestras niñas y niños, de alimentar nuestra consciencia para ser auténticas y defender esa autenticidad en cada una de nuestras relaciones, podremos mantener encendida la confianza, la magia precisa para liberarnos a cada paso.

¿Para qué viene el Apalpador?

 


Notas

1. Bettelheim, Bruno, Psicoanálisis de los cuentos de hadas, Crítica, Barcelona, 1999
2. Schlüter, Ana María, El camino del despertar en los cuentos, PPC, Madrid, 1997
3. Mariño Ferro, Xosé Ramón: La medicina popular interpretada I, Xerais, Vigo, 1985

* La figura del Apalpador, Pandigueiro o Apalpa-barrigas, ligada a la tradición de Navidad en las comarcas montañosas del este de Galicia, fué adoptada en la última década en muchos otros lugares del país.

 

Foto: Ed Dunens, Sun and Fog, (CC BY 2.0)