Monstruos domésticos, by Daniel Lobo

La terapia de juego dinámica

Con ocasión del Congreso Mundial de Terapia de Juego, celebrado en Compostela, tuvimos la oportunidad de aproximarnos al trabajo de Dennis McCarthy. En su ponencia Convertirse en la tormenta: Uso de la energía y la imaginería de los síntomas en la terapia de juego para ayudar a los niños a sanar, Dennis nos expuso los fundamentos de la terapia de juego dinámica, resumiendo las principales claves de su trabajo con niños a lo largo de cuarenta años.

La esencia de este enfoque, centrado en el cuerpo y guiado por la imaginación, es el denominado juego paradójico que permite al niño acceder a la resolución de sus dificultades utilizando el propio lenguaje de su síntoma en el contexto de la relación terapéutica. Siguiendo la propuesta de Winnicott de aceptar la paradoja en lugar de intentar resolverla, el terapeuta, consciente de que el síntoma es una expresión del deseo de recibir ayuda, se convierte en un testigo que acompaña y provoca al niño para que dibuje, modele, dance o exprese corporalmente aquello que le asusta. De este modo, convirtiéndose en la tormenta, puede encontrar en el propio síntoma algo que le ayude a superarlo. Lo que se busca es encontrar la fuerza vital que se manifiesta en el niño como medio de ayudarlo a integrar las partes segregadas, disueltas, ocultas, acalladas o no reveladas de sí mismo.

En la sala de terapia el niño se convierte al mismo tiempo en experimentador y observador de una experiencia única de juego, en la que se permite representar sus expectativas vitales a través de un proceso de expansión y contracción. Dibujar, modelar o recrear al mostruo es una propuesta terapéutica de expresión donde los monstruos del niño, como exageración de los impulsos propios, se convierten metaforicamente en portales y llaves para el cambio. Son un modo de reafirmación y por tanto, le ayudan a rectificar su situación vital (frente a los apenas aterradores monstruos comerciales).

De esta labor terapéutica con los monstruos deriva también su singular y reveladora perspectiva mitológica. A partir de la observación de los dibujos de los niños, Dennis descubre que sus primeros monstruos son generalmente una representación del cíclope, y comienza así su investigación sobre los mitos.

McCarthy habló también sobre el uso de la caja de arena profunda, tan llena de posibilidades como la cueva de Alí Babá; de los desastres naturales como expresión de curación, o de los materiales más apropiados para trabajar la agresividad y el juego catártico. Y como no, de la relación entre el movimiento y la emoción. Discípulo de Alexander Lowen y conocedor del trabajo de Janet Adler, Dennis McCarthy sabe bien que el movimiento sin límites ayuda a los niños a encontrar su centro. Por ello nos recuerda que nuestra labor como terapeutas es clave para ayudarles a reactivarse, a expresarse con autenticidad y a explorar libremente sus propias capacidades para hacerlo.

 

Foto: Daniel Lobo, Monstruos domésticos, (Public domain)